La noche del viernes 19 de junio de 2026, a las 22:46 horas, miles de capitalinos vivieron un momento poco común: un rayo de una potencia extraordinaria iluminó el cielo del poniente de la Ciudad de México y provocó un estruendo que muchos compararon con una explosión.
Este fenómeno no solo fue visible a kilómetros de distancia, sino que también dejó huella en varios sismógrafos distribuidos en la capital. Aunque los equipos detectaron vibraciones, especialistas aclararon que no se trató de un sismo ni hubo movimiento tectónico alguno.
El rayo fue una descarga tipo nube-tierra, la más peligrosa por la energía que viaja directamente desde la nube hasta la superficie. Su recorrido comenzó con múltiples ramificaciones sobre Chapultepec, siguió por el corredor de Marina Nacional y alcanzó su máxima intensidad en el norte de Azcapotzalco.
Con una intensidad de -59 kiloamperios, superó ampliamente los 30 a 40 kiloamperios que suelen tener los rayos promedio. Esta enorme carga eléctrica generó una expansión del aire tan poderosa que despertó a vecinos y retumbó prácticamente de un extremo a otro de la ciudad.
El impacto se sintió en varias alcaldías, incluyendo Álvaro Obregón, Benito Juárez, Cuauhtémoc y Cuajimalpa, especialmente en la zona de Santa Fe. Usuarios en redes sociales describieron el estruendo como similar a una explosión o un movimiento telúrico, con ventanas vibrando, alarmas activándose y la onda acústica alcanzando incluso zonas tan lejanas como Milpa Alta.
Este fenómeno recuerda la importancia de contar con infraestructura y sistemas de alerta que protejan a las familias y mantengan la productividad urbana, evitando que eventos inesperados afecten la conectividad y el dinamismo de la ciudad.



