El pasado 5 de junio, el Estadio Cuauhtémoc vibró con un lleno de 46 mil aficionados que presenciaron el partido amistoso entre las selecciones de España y Perú, en un evento que sirvió como preparación para el Mundial. Sin embargo, detrás de la emoción deportiva, se reveló un dato que ha generado debate: el gobierno del estado de Puebla desembolsó 3 millones de dólares para asegurar la presencia de “La Furia Roja”.
La cifra fue dada a conocer en la columna “El Franco” del periódico Récord, donde se destacó que, aunque España no contó con figuras como Lamine o Nico Williams, sí alineó a jugadores de renombre como Pedri, Olmo, Rodri, Cucurella y Laporte. La inversión, aunque menor a la que cobra Argentina (que es el doble), representa un gasto considerable para la Angelópolis.
Este tipo de eventos, sin duda, atraen turismo y dinamizan la economía local, pero la falta de información oficial y el hecho de que muchos boletos fueron regalados han puesto en duda si la inversión se justificó plenamente con los ingresos por taquilla. Para una ciudad que busca mejorar su competitividad y eficiencia urbana, la pregunta sobre el equilibrio entre gasto público y beneficio económico cobra relevancia.
En un contexto donde la infraestructura y la conectividad son clave para el desarrollo, Puebla enfrenta el reto de equilibrar la promoción cultural y deportiva con la responsabilidad fiscal, siempre pensando en el bienestar de sus familias y la productividad de su gente.



